En épocas anteriores, según James Anthony, al adolescente se le consideraba en general con tolerancia y consistencia, viéndolo como un personaje de escasa inteligencia que vivía “fuera del mundo adulto”, pero ahora se ha “invadido" el mundo de los adolescentes de dos maneras, estereotipadas y antitéticas. Se le ve como un verdugo, al joven “de chaqueta negra, cruel, siniestro y anormal” o como una víctima pasiva frente a la corrupción de los adultos.Pero no sólo así se le concibe al adolescente, James Anthony plantea diferentes esteriotipos sobre esto que traen reacciones en las personas de su alrededor, entre las que se encuentran:
El adolescente considerado como un objeto peligroso y en peligro: se les concibe como un verdugo que puede y quiere quitar al adulto el poder que tiene y por eso, según James Anthony, la sociedad ha creado rituales para que sea parte de ella, y les brindaban conocimientos para que el adolescente vaya calmándose y entreteniéndose en pasar los rituales y ser parte de la sociedad pero otros ven estos conocimientos y rituales como herramientas que le sirven para enfrentar al mundo que ellos aún no conocen y crean normas para protegerlos, como la ley que protege al adolescente de la explotación laboral.
El adolescente considerado como un objeto sexual: en este caso la familia es la más afectada. Al parecer las primeras manifestaciones del impulso sexual no son tomadas en serio por los padres de familia, ya que pueden no notarlo o se les clasifica como “juegos de niños”, según James Anthony. En algunos casos la pubertad es compartida del mismo modo que otros hechos, mientras que en otros se les silencia confiándolos a ambientes privados del dormitorio o baño. Los padres pueden reaccionar de distintas maneras al desarrollo de sus hijos. Según James Anthony, hay padres que ven en este acontecimiento la culminación de su propio desarrollo psicosexual, hay otros que sienten una lasciva curiosidad por la tímida y titubeante sexualidad del nocivo y disfrutan estimulando su aparición y burlándose de su incompetencia. Existen padres, sexualmente muy deprimidos, que suelen reaccionar con desolación y desagrado ante la menor manifestación de emociones eróticas.
Hay madres que no aceptan su femineidad y se ven llevadas a sabotear el desarrollo sexual de su hija adolescente y no puede ni quiere permitir que su hija se convierta en una mujer, y el conflicto consiguiente a raíz de la identidad sexual de esta, reactiva el problema de su propia identidad.
Otra reacción que puede ocasionar el desarrollo sexual del adolescente en el adulto es una especie de compensación de adolescente retrospectiva en la que el adulto reactiva sus propios conflictos adolescentes, como abiertos componentes autoeróticos, homosexuales y edípicos. También se puede dar que los padres que han establecido una relación intima y posesiva con sus hijos pueden conducirse también con una perturbadora indiscreción cuando la sexualidad adolescente amenaza su modo de vida. Se puede dar que las ansias ocasionadas por su propio deseo combinados por su posesiva actitud de protección, lo impulse a indagar y escudriñar frenéticamente hasta el punto de la perdida de la perspectiva racional.
El adolescente considerado como un individuo inadaptado: según James Anthony, el adulto en nuestra cultura occidental ha aprendido aparentemente a esperar en su hijo un estado de agudo desequilibrio y prevee la turbulencia y la tensión de esa edad. Pero los resultados de una encuesta hecha por James Anthony arrojaron que más del 80% de ellos suscribieron la opinión de que la adolescencia es una fase de “gran perturbación afectiva” y más de la mitad pensaba que a esta edad el individuo “sufre un cambio completo en su personalidad”.
El adolescente considerado como un objeto de envidia: Se puede decir que el vigor juvenil, la libertad la frescura y la alegre despreocupación del adolescente provoca cierta envidia en el adulto, la cual puede manifestarse como un constante menosprecio burlón ante la simplicidad, la torpeza y la inexperiencia del joven.
Las respuestas envidiosas ante la pubertad pueden asumir diferentes formas, por ejemplo hay muchas madres que tratan de hacer todo lo posible para mantenerse jóvenes, y padres que tratan de vencer a sus hijos en competencias deportivas. Otra forma de muestra de envidia es cuando se comparan las experiencias de vida que tiene el hijo con las del padre a su misma edad. Pero unos de los métodos que han hallado los padres para manejar estos dolorosos sentimientos de envidia es el de identificarse con el joven los triunfos de este.
El adolescente considerado como un objeto perdido: según James Anthony es muy normal que los padres lleguen a experimentar una sensación de vació en el hogar y una ausencia de los objetivos que los habían motivado tan intensamente y persistentemente durante la niñez de sus hijos.
James Anthony dice: “Puede requerir algún tiempo el descubrimiento de que la conquista de nuevos objetos y la pérdida de los anteriores son hechos naturales en el curso de la adolescencia normal, y que la única posibilidad de impedir la evasión del adolescente la ofrece el sistemático sometimiento del niño desde sus primeros años de vida, de modo que cuando llegue a la adolescencia el sojuzgamiento incestuosos sea completo.” Pero esto implicaría que el niño nunca llegue a la adolescencia. Una manera más segura es el de colaborar con el proceso de separación e individualización del hijo, el cual se da tarde o temprano, que se completa y culmina en la edad adulta. Entonces como fruto de esto se da una nueva relación entre adultos ligadas por recuerdos felices de la vida en común.
De esta manera es que nos podemos dar cuenta que no hay una sola manera de percibir al adolescente, sino muchísimas que son por lo general contruidas por la sociedad. Sólo nos queda aceptarlos y comprenderlos tal como son.
Fuente imagen: Toma-t Producciones
